30 de diciembre de 2014


Tengo un baúl dentro. Es todo negro, y pesa tanto como el universo. Es que, en realidad, tiene dentro el universo, un millar de estrellas componiendo constelaciones fatídicas, caóticas. Se combinan en explosiones dolorosas.
Nunca lo abro. No sé abrirlo, está cerrado para siempre. Él se creó a sí mismo, hermético, insoslayable, en una noche de invierno tan clara y fría que los rayos de la luna temblaban, y su misma Madre era un disco congelado de luz. El baúl la engulló, y engulló todo lo cálido, el sol, las estrellas, y todo lo que alguna vez fue creado, dejando sólo el frío penetrante de aquella medianoche, y el recuerdo de una respiración acompasada, cada vez más lenta, cada vez más tenue...

21 de agosto de 2013

Mente y Corazón

La quietud gobernaba. Las aguas oscuras y silenciosas reflejaban un cielo cubierto de nubes negras. Todos los seres estaban ocultos en sus refugios, los árboles quietos, no movían ni un capullo. El aliento gélido de la noche había caído sobre el paisaje.
Pero mientras el frío se inmiscuía en todos los rincones, mientras revisaba huecos, túneles y recovecos, se oyó tenue un murmullo lejano.
El frío cubría la orilla del lago.En su camino implacable helaba piedras, arenas y hojas. Pero pequeña en la lejanía veía una figura, más negra que la negrura del cielo detrás.Aceleró.En su apuro dejó algunos trozos de primavera sin congelar.Luego se encargaría de ellos.
Y entonces se topó con la figura. La noche la miró desde arriba, el frío la rodeó. Un murmullo, casi imperceptible, venía de su interior.
La noche retiró su aliento helado de la criatura. Había sentido los lentos y cálidos latidos de la vida.

Mientras tanto, dentro de Clara, los latidos sufrían.
- "Él y yo" ya no existe más. Ahora es él y ella. Y es Clara sola. Eso duele.
¿Eso duele? ¿De verdad? Qué pelotudez.
Duele que él esté con otra tan pronto. Duele que le dé todo lo que nunca me quiso dar. Duele que haya aprendido y la cuide. Eso duele.
¿Y qué más?
Que a mí nunca me haya querido cuidar. Que el amor haya desaparecido. Que la mentira perdurara más.
Ouch. Eso sí duele.
Ya lo sé.
¿Duele algo más?
Duele que pase el tiempo y siga doliendo, a pesar de todo lo que hacemos.
Sí, te entiendo. Eso es una herida a nuestro orgullo, ¿no te parece?
Sí, es. Y duele que no haya querido volver.
¿En serio? ¿Eso te duele, de verdad?
Sí, porque significa que sinceramente ya no le importo más. Que no piensa en mí, que no se acuerda, que ya no quiere mi felicidad, que ya no me quiere salvar del dolor, que ya no le importa si estoy mal, y que es él quien ocasionó todo esto, todo este sufrimiento, él, el mismo que me sacó una vez de la tormenta, ahora me volvió a tirar al mar sin un solo salvavidas para agarrar.
¡Uy! ¡Qué sentimental! ¿No te parece que es un poco… rebuscado lo que decís? ¿No te parece que pensar eso es hundir más la daga en la herida?
Pero es así.
¿Y qué importa? ¿Te sirve?
No. Duele.
Entonces no lo pienses más. Y volviendo un poco atrás, ¿tanto duele que no haya vuelto? ¿Vos volverías a estar con él si volviera?
No me lo imagino.
Imaginá un beso. Imaginá que te llama y te pide perdón.
No.
Dale, corazón…
No quiero. Duele más.
¿Volverías con él?
No va a volver.
¿Pero si lo hiciera, volverías?
No sé. Ahora pienso que no, pero en el momento... de verdad no se.
¿Te haría bien volver?
No.
¿Entonces volverías?
No. Le metería una buena patada en los huevos a ese hijo de pu…
¡Bien! A eso quería llegar. Que no vuelva, sin él estamos mejor.
Sí, ya lo sé. Pero duele.
Sé que duele. Pero ahora, ¿qué es lo que duele en realidad?
Que lo extraño.
¡No! Vamos de vuelta. ¿qué es lo que duele en realidad?
¿Qué extraño esos viejos tiempos?
¡Sí! ¿Y por qué?
Porque fueron hermosos. Él era hermoso.
Exacto, era. Ya no lo es.
Lo es para ella.
- Pero ella es una persona distinta de vos.
- La gente dice que ella es buena.
- ¿Toda la gente dice eso? Pensalo, de verdad.
- …No todos.
- ¿Ves? ¿Te parece que es mejor que vos?
-  No, es verdad.
Y además, ¿eso importa, de verdad? ¿Interfiere en tu vida cotidiana?
- No.
- Listo entonces, no se diga más. Basta de dolor, y a seguir con la vida.
- Pero ya no puedo más, en serio.
- Sí podés. Sabés que podés. Ya pudiste una vez.
- Pero me cansé.
- No. Vamos. Fuerzas. Miles de cosas como éstas te van a pasar en la vida, y ¿ya estás cansada? Además tenés suerte. Hay muchas personas a tu alrededor que están esperando que te repares para poder ganarte una vez más.
- No quiero que nadie más me gane. Y tampoco me quiero quedar sola. Tengo mucho miedo, ¿qué hacemos?
- No sé, linda, no sé qué vamos a hacer. Lo único que te puedo decir ahora, es que sigamos con nuestra vida como debe ser. Con una gran sonrisa, porque el porvenir es bello. Responsabilizándonos de nuestros actos y sentimientos, como personas maduras. Creciendo, como quienes realmente somos: el corazón y la mente de una gran mujer.

3 de julio de 2013

- Fuck off -

Hace tiempo no tengo ganas de hablar de Clara. Me enojé con ella, la enmudecí. O quizás fue ella quien se enojó y se fue. La verdad es que no se.
Me enojé tanto que hasta la maté. Ahí yace, sola, reseca. El viento le sacude levemente el pelo sobre su cabeza.
Pero, muerta y todo, ella piensa. Porque yo no puedo sacar a Clara de adentro mío. Puedo dormirla, esconderla. Puedo golpearla, sepultarla, oscurecerla. Puedo matarla. Pero no puedo hacer que desaparezca.
Todos tenemos una pequeña Clara dentro nuestro. Ese personaje interior que nos habla todo el tiempo, que nos discute y nos hace reflexionar sobre cosas que no queremos. Clara todo el tiempo me susurra reproches, recuerdos, oportunidades que perdí. Y yo no tengo tiempo de revisar todo lo que viví.
Ahora tengo una vida.
"¡JÁ! ¿Una vida? ¿Quién puede jactarse de tener una vida?" me dice. Y la odio, pero es así.
A ver, veamos los elementos de este juego: tengo una familia hermosa. Tengo un novio al que quiero y me quiere. Tengo amigas que me escuchan cuando lo necesito. Tengo una carrera que me encanta. Soy joven y tengo mucho tiempo para jugar mis cartas.
"¿Eso es una vida?" pregunta Clara, escéptica. Y la odio, pero es así.
¿Qué es tener "una vida"? ¿Es salir todas las noches? ¿Es tener compromisos sociales? ¿Es disfrutar el presente, vivir el día a día? Si es así, yo ya hace un tiempo que perdí mi vida.
ODIO a la gente que piensa así. Se creen re capos, ahí, creyendo que manejan todo. "Ay sí, anoche estuve con fulanito... Menganita me dijo tal cosa... Me peleé con Sultanita por tarada..." LA VIDA GENTE, LA VIDA les está pasando por delante y no la ven. La vida fluye todo el tiempo en sus casas, y no es salir a divertirse. La vida es el laburo de sus viejos, todos los días rompiéndose el lomo para que vos un día puedas salir y (sin que ellos sepan, obvio) gastarte en alcohol doscientos pesos. La vida es una discusión eterna sobre lo que vas a hacer con tu futuro, la vida es eso que pasa mientras te acostás a dormir llorando por cosas que parecen importantes pero no lo son, eso que pasa mientras pensás que mañana va a ser un mejor día pero al final no. La vida te pasa por enfrente mientras te prendés un cigarrillo, mientras esperás el colectivo, mientras vas por la calle revisando Twitter desde el celular.
La vida te pasa por encima mientras te pasás horas encerrada con la nariz pegada a cuadernillos, hojas con apuntes, palabras vacías que contienen el futuro al que queremos llegar.
Pero pará un poco, ¿el futuro no es hoy? La vida es esa que te convence de que disfrutes el día a día, pero que te pongas las pilas para que el día de mañana lo sigas disfrutando.




(Quiero advertirles a todos que estoy escribiendo a ciegas. Estoy enojada. No sé cómo va a terminar esta entrada)





...Pero la maldita vida es algo más que todo eso, y no puedo decidirme sobre qué mierda es. ¿Por qué no nacemos con un libro de instrucciones? ¿Nadie pensó que quizás en algún momento podríamos desorientarnos, aburrirnos, putear al mundo y a la vida por no decirnos qué es lo que viene ahora? ¿Hasta cuándo tenemos que esperar? Porque no sé ustedes, pero yo ya quiero empezar. No se cómo, no se qué, pero si no me pongo en movimiento voy a enloquecer.
¿Cuándo llega "el día de mañana"? ¿Cuándo termina el "trabajar para un futuro"? El carpe diem me parece tan vacío de sentido en medio de esta sociedad futurizada que me siento desaparecer.
Es lento el proceso de convertirme en lo que quiero. Son cinco años de trabajo con gusto a espera. Es como si fuera a un restaurante a pedir carré de cerdo con salsa de ciruelas, y me tuvieran cinco años comiendo grisines con queso.

(Obvio que el carré de cerdo con salsa de ciruelas es mi comida favorita. Simple la piba.)

Ya estoy harta de grisines con queso. A mí traeme mi carré de cerdo. Yo al futuro quiero empezar YA a tragármelo entero.






(Estoy enojada, ansiosa, atragantada. A LA CONCHA DE LA LORA CON TODO. Mirá qué final fino le pongo a mi entrada.)

Nada.

Clara no recuerda cómo llegó a ese lugar. El frío roce de las aguas acariciaba su costado, la arena tibia le raspaba las mejillas... y un vacío triste...
Clara no se acuerda cómo pasó todo.
¿Qué hacía allí? ¿Cómo había llegado a ese lugar? Los recuerdos la invadían como flashes. El viento golpeando su cara mientras corría sobresaltada. Un atardecer brillante y miles de saltos en el agua. Un pájaro azul sobrevolándola. Había estado caminando en círculos sin saber cómo parar. Pero paró.
¿Qué era todo eso?
No entiende. Está en proceso.
La tarde cayó como caen lentos y resecos cada uno de los granos de un reloj de arena. Quietud inquietante, paz desafiante. Nadie habla, nadie escucha. Total ausencia de lucha.
Aridez. Calma. Desesperación.
Clara estaba muerta.
Ya no se sentía latir de vida ningún corazón. Un vacío triste... eso era todo. Clara y el vacío llenaban el Todo.

25 de febrero de 2013

Las cuatro patas de la mesa

En un pasado lejano, mucho antes de despertar en el bosque, mucho antes de sentirse enredada, mucho antes de quitarse las vendas, incluso antes de aquellos tiempos  remotos en que el sentirse ciega era para ella algo hermoso, Clara miraba por la ventana de una habitación preguntándose qué diablos era el amor.
El sol entraba tenuemente entre las cortinas, sacando fulgores a su cabello dorado. Los ojos oscuros recorrían el paisaje, un jardín enorme, verde como los guacamayos, de árboles frondosos que se mecían levemente con la brisa, flores estridentes y coloridas, césped suave y parejo, todo perfectamente cuidado.
- Quizás el amor sea eso - se dijo - como un jardín perfectamente cuidado.
Imaginó el encuentro entre Tierra y Sol. Desde el primer momento en que Él había asomado desde los confines del abismo celestial, sus rayos habían acariciado con tal ternura la superficie de la Tierra que ésta, sin poder resistir más, se había enamorado.
Y como la Tierra era ciega y no podía verlo, había creado Hijos que tuvieran ojos, pies y manos para alabarlo. Y como no podía devolverle las caricias que día a día de Él recibía, había creado Seres que se elevaran alto para deleitarlo.
Y así la Tierra, mientras el Sol la acariciaba, había creado un jardín perfecto en entrega completa a su amor.
- No - se dijo Clara. - Eso no es amor. O... bueno, quizás sí lo sea. Pero no es el amor de los hombres, no es MI amor.
Se dio vuelta y observó la habitación en busca de algo de inspiración. Una biblioteca, una cama, una silla sobre la que estaba sentada, nada de eso le daba ideas sobre de qué podría tratarse el amor.
- Biblioteca es saber. El amor no tiene nada de sabiduría. ¿Y la cama? Es pasión. Sólo una pequeña parte del amor.
Y entonces miró detrás suyo. ¡Claro! Una mesa. El amor era una mesa. Una gigantesca mesa sobre la que descansaba la vida entera de los amantes.
Contó las patas: cuatro. La vida de los amantes necesitaba cuatro pilares esenciales para sostenerse. ¿Cuáles podían ser?
- Mmm... confianza, eso seguro - anotó - y también pasión. Tampoco puede faltar el respeto... y... - se quedó pensando. ¿Qué más podría faltarle al amor?
Con la confianza tenía comunicación. Gracias a ella el amor tenía aire y sustento, y podía volverse una constante, sincera y agradable conversación.
- La confianza lo es todo - pensó Clara.
Pero no, ¡claro que no! Podía existir confianza en el amor, pero ¿qué era de ella si los amantes no se respetaban? El respeto era un pilar fundamental, muy importante para que la mesa se sostuviera.
Imaginó una pareja sin respeto. Imaginó al hombre golpeando a la mujer y a la mujer engañando al hombre.  Imaginó las disputas (hijas inevitables de la comunicación con confianza) sin posible solución debido a que uno no era capaz de aceptar las decisiones de otro. Imaginó uno ultrajando el cuerpo de otro sin delicadeza ni permiso. Imaginó el caos reinando sobre el amor.
No, no. Por supuesto. Sin respeto no existía amor.
Pero por supuesto, tampoco éste podía existir sin pasión. ¿Cómo podía ser posible la entrega de los amantes sin ese deseo constante de poseerse mutuamente, de acercarse cada vez más, de sentirse uno dentro del otro, de fusionar sus almas en un hermoso éxtasis celestial?
- Pero entonces es una mesa de tres patas - murmuiró Clara - creo que ya nada podría faltar.
Y de pronto escuchó las risas. No provenían del jardín, ni de ningún otro lado. Provenían de su cabeza, de sus amantes ideales que además de construir su mundo sobre pilares de confianza, respeto y pasión, estando juntos en la playa se arrojaban arena, se empujaban suavemente, se salpicaban jugando, se revolcaban en la orilla llenándose de barro, miraban las nubes buscándole formas, corrían, saltaban, jugaban, gritaban, y, sobre todo, no paraban de reír.
- ¡Claro! - pensó clara en voz alta - ¡son amigos! La pata que falta es la amistad.
Dos amigos que compartían confianza, respeto y pasión. Dos amigos que entregaban todo y compartían todo. Dos amigos que se cuidaban uno al otro. Dos amigos que sentían que el otro era, simplemente, el camino al Edén.
Dos amigos que se amaban.
Dos amantes sin discusión.

Y sobre las cuatro patas de la mesa construirían castillos de nubes, de oro y de arena. Sobre esta mesa depositarían todo lo que era suyo, y reinarían en su propio mundo de amor. Crearían nuevos seres que construyeran nuevas mesas sobre la suya y la llenaran de luz. Sonreirían ante su mundo, ante su pequeño reino de amor, y contemplarían en sus miradas el propio reflejo, fundido con el reflejo del otro, y las cuatro patas de una mesa que ahora era parte de los dos. Las risas resonarían en el Universo. La propia existencia estallaría de fulgor.

Clara sonreía imaginando a esos amantes: una pequeña rubia de ojos negros junto a un personaje sin rostro; una risa resonante que era la suya, y una risa apagada que a duras penas se escuchaba. Clara sonreía e iba construyendo su mundo sobre las patas de una mesa que aún no tenía un suelo firme sobre el que apoyarse. Sonreía creyendo que cuando lo encontrara, ya todo lo tendría. Sonreía e hilaba de a poco las vendas que, muy pronto, ella misma se pondría.

10 de febrero de 2013

Pájaro Azul

Las sacudidas de su cuerpo ejercieron de despertador. El frío la recorría con un incesante temblor.
Clara miró el cielo, empezaba a clarear. Pero parecía que las cosas estaban muy lejos de mejorar.
Alzó otra vez los ojos, y esta vez el paisaje cambió. Entre las ramas de los árboles que crecían frente a ella, unos rayos tímidos asomaban lentamente. Los pájaros comenzaron a salir de sus escondites, a trinar abiertamente, a volar como cometas a alturas casi dementes.
Un aleteo le sacudió la cabeza, y Clara se asustó. Pero en cuanto se calmó y miró, las alas abiertas de un pájaro azul colmaron su visión.
Se abrieron, llenas de paz y de color. Remontaron el aire y cortaron el cielo, mientras el disco dorado brotaba de un mar verde tras ellas. La luz golpeó en el agua y rebotó, mientras el ave aleteaba al ritmo del viento, abría su pico y trinaba una canción.
-          Es la melancolía –murmuró Clara –y la libertad.
Aquello era Clara en su impotente confiar.

Refugio

Clara bordeaba el lago en la oscuridad. Cada paso rozaba el agua helada y se hundía varios centímetros en la arena mojada. Miraba las estrellas sobre los árboles, única y tenue luz en aquella noche sin luna.
Fría.
Oscura.
Pero Clara escuchaba los pasos. Casi imperceptibles, incesantes detrás de ella. Rozaban las hojas de los árboles, quebraban ramitas caídas, susurraban dulcemente, siempre a su lado. Y ella seguía avanzando. Buscaba un refugio, un consuelo, un hogar. Pero eso parecía imposible en aquel maldito lugar.
Cada paso comenzaba a dolerle, cada caverna le provocaba terror. Quería esa mirada a su lado, cuidándola, dándole valor.
- NO -se dijo, con firmeza. -Nadie es realmente inofensivo, ya no.
Comenzó a pensar que el camino era una ilusión. Los párpados le pesaban sobre los ojos, la visión se le oscureció. Sin miramientos, cayó rendida dentro de un hueco en una roca que daba la espalda al mar.
- ¿Será ésta la roca de mi sirena? -se preguntó antes de abandonar la vigilia, y soñar.