10 de febrero de 2013

Refugio

Clara bordeaba el lago en la oscuridad. Cada paso rozaba el agua helada y se hundía varios centímetros en la arena mojada. Miraba las estrellas sobre los árboles, única y tenue luz en aquella noche sin luna.
Fría.
Oscura.
Pero Clara escuchaba los pasos. Casi imperceptibles, incesantes detrás de ella. Rozaban las hojas de los árboles, quebraban ramitas caídas, susurraban dulcemente, siempre a su lado. Y ella seguía avanzando. Buscaba un refugio, un consuelo, un hogar. Pero eso parecía imposible en aquel maldito lugar.
Cada paso comenzaba a dolerle, cada caverna le provocaba terror. Quería esa mirada a su lado, cuidándola, dándole valor.
- NO -se dijo, con firmeza. -Nadie es realmente inofensivo, ya no.
Comenzó a pensar que el camino era una ilusión. Los párpados le pesaban sobre los ojos, la visión se le oscureció. Sin miramientos, cayó rendida dentro de un hueco en una roca que daba la espalda al mar.
- ¿Será ésta la roca de mi sirena? -se preguntó antes de abandonar la vigilia, y soñar.

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