30 de diciembre de 2014


Tengo un baúl dentro. Es todo negro, y pesa tanto como el universo. Es que, en realidad, tiene dentro el universo, un millar de estrellas componiendo constelaciones fatídicas, caóticas. Se combinan en explosiones dolorosas.
Nunca lo abro. No sé abrirlo, está cerrado para siempre. Él se creó a sí mismo, hermético, insoslayable, en una noche de invierno tan clara y fría que los rayos de la luna temblaban, y su misma Madre era un disco congelado de luz. El baúl la engulló, y engulló todo lo cálido, el sol, las estrellas, y todo lo que alguna vez fue creado, dejando sólo el frío penetrante de aquella medianoche, y el recuerdo de una respiración acompasada, cada vez más lenta, cada vez más tenue...